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| Corselete de un Dior original de 1952; Raf Simons para Jil Sander (colección OI 2012, style.com) |
Arnault ha deshojado por fin la margarita y
una de las noticias más esperadas en el mundo de la moda se confirmó ayer: Raf Simons es oficialmente el nuevo director creativo de Dior.
Mucho se ha dicho y se ha escrito a lo largo de este intenso año, sobre el despido de Galliano, sus tensas
relaciones con Arnault, el hartazgo de este por los caprichos del
gibraltareño, etc, etc…. Rumorología aparte, la cuestión es que con este
despido, Dior, la marca, dió un brusco volantazo en su trayectoria. Aquella puesta en escena del final del desfile de la colección Otoño-Invierno 2011, sin Galliano ya, con el equipo de
costureros de la Maison enfundados en sus batas blancas, hablaba de nuevos tiempos para la marca Christian Dior. ¿Por qué? ¿en qué dirección?
¿es que Galliano no lo hacía bien?
Galliano parece que sí era rentable en el apartado de
complementos y cosméticos. Tampoco nos engañemos. Dior es Dior, por supuesto, pero la casa nació en 1946, precisamente con el modelo actual de empresas de moda que tenemos: un capitalista, el propietario, Marcel Boussac, que buscaba un negocio rentable y un diseñador, Christian Dior, que estaba en el lugar preciso, en el momento oportuno y sobre todo, con muchas ganas de encontrar el capital que él no tenía para montar su casa de costura. Fue Boussac una especie de padre ideológico de Arnault y quien desarrolló e impulsó el sistema de venta de licencias tal y como funciona hoy y gracias al que montó el gran imperio Dior. La idea fundamental es que no lo hizo vendiendo alta costura, sino guantes, medias, ropa interior, bolsos, zapatos y perfume. Boussac vió que el público demandaba, después de las penurias de la II Guerra Mundial, una porción de ese mundo del lujo que la marca proyectaba con sus colecciones de alta costura, e ideó la forma de proporcionárselo y de hacer negocio con ello. De ahí, que en términos de los años cincuenta, Dior fuera la esencia del espectáculo y del marketing. Más o menos, lo mismo, en versión exagerada y aumentada, que hizo Galliano desde que tomara las riendas de la casa en 1996, y sobre todo lo que Arnault buscaba.
A Galliano se le ha criticado últimamente hasta la
extenuación, pero desde finales de los 90 ha sido oficialmente por obra y gracia de Arnault y gracias al eco de la prensa de moda "uno de los grandes creadores." Ni tanto, ni tan calvo. Hacía muchas cosas imponibles pero también colecciones memorables, como aquellos trajes de chaqueta en lana o seda y
encaje de la colección de 1998 que se convirtieron en una especie de uniforme para las elegantes en las grandes ocasiones, y sobre todo, era un espectáculo, nunca mejor dicho, cuando diseñaba vestidos de noche inspirados en los archivos de la Maison.
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| Vestido de noche, CD 1951; John Galliano para CD (HC Fall 2008, style.com) |
La cuestión es que Dior decidió prescindir de los servicios
de Galliano y algo más de un año después ha fichado a Raf Simons. ¿De qué va el cambio? La moda, también en sus modos de hacer, tiene que cambiar porque los mismos esquemas siempre, acaban agotando. Fue Arnault quien decidió fichar a diseñadores excéntricos, Galliano no
fue el único, también quiso a Mcqueen y a Jacobs, y fue en realidad quien puso la excentricidad de
moda: no sólo en el modo de vestir, también en el estilo de vida. Pero la moda
tiene eso de cruel, que pasa. Y el
público, especialmente la gente que más entiende de moda y más la aprecia, está ya
empachada de tanta excentricidad que entre licencias y copias está interpretada de modo cada vez más
ugly. Y como lo feo es mucho más fácil de copiar, no
requiere de talento, la tendencia se extiende como una epidemia y se convierte en algo mucho más efímero porque cansa antes. Una especie de ahogo de la excentricidad en su propio círculo del exceso.
Y ¿cuál es esa nueva onda? ¿en qué consiste ese golpe de
timón? En la búsqueda de una estética un poco más tranquila.
LVMH ha descubierto, especialmente gracias a la niña de sus ojos ahora, Celine,
y a Phoebe Philo su directora creativa, que hay un público que entiende y
valora la novedad tras un buen diseño, más que el espectáculo. Agotados en
el
mundo de las copias, de los fakes, de
la polipiel y del poliéster, la nueva onda es entender más de moda, y
distinguirse invirtiendo en piezas mejores en calidad y diseño, que no se
pasan en una temporada. Arnault
está contento con Celine, que se ha hecho con un público importante, y necesitaba un diseñador que
hiciera algo parecido en Christian Dior.
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| Abrigo de Christian Dior, 1954; abrigo de Raf Simons para Jil Sander (colección OI 2012, style.com) |
Con el cambio, parece que quiere eliminar esa parte de
excentricidad y locura que en lo últimos años ha ido ligada a la marca, y
establecer unos tiempos tranquilos en los que crítica y público decidan que
vestir de Dior, o al estilo de Dior, como lo es vestir de
Celine, vuelva a ser
in. Y Simons, como lo estuvo Christian Dior, el hombre, en su día, ha estado en el sitio correcto y en el momento adecuado para conseguirlo.
A la vista de sus últimas colecciones para Sander ha trabajado duro por demostrar
que era el mejor diseñador posible para la marca, con sus diseños inspirados en
un Dior más tranquilo. Su último desfile en Milán, hasta por las flores del decorado, puede interpretarse casi como un homenaje literal
a Christian Dior. Su punto de vista más minimal, para eso es belga, su dominio del tailoring gracias a su larga trayectoría en el mundo de la moda masculina, y la escuela de
Jil Sander para saber cómo ser comercial, le han colocado en el sitio idóneo para liderar Dior. Ahora sólo
falta que Arnault respete su punto de vista y ponga en práctica aquello que
decía en 2001, en una entrevista para la
Harvard Business Review, sobre la confianza y el respeto por la creatividad de los
diseñadores:
"If you think and act like a typical manager around creative people, with rules, policies, data on customer preferences, and so forth, you will quickly kill their talent. Our whole business is based on giving our artists and designers complete freedom to invent without limits."
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| Vestido de Christian Dior basado en un original protagonismo de los botones, 1952; vestido de Raf Simons para Jil Sander en el que los botones hacen que el diseño parezca chaqueta sobre vestido (colección PV 2012, style.com) |
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| Vestido de noche de Christian Dior con un importante trabajo de volúmenes en la parte lateral, 1948; vestido de Raf Simons para Jil Sander con juego de volúmenes en el lateral (colección OI 2012, style.com) |
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Vestido de noche de Christian Dior (a la izda en la foto) mostrado en la Sorbona (1955); vestido de Raf Simons para Jil Sander (colección PV 2102, style.com)
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